The Nightly Ghost

Encontrarán aquí lecturas de diverso género, la mayoría en castellano pero también algunas en inglés. Incluiré asimismo reportajes fotográficos de interés general, aunque priorizando la calidad de la imagen sobre la del documento ("regla general contra principio específico", por supuesto). Creo que todo podrá ser disfrutado de un modo u otro por cualquier visitante con ganas de leer o de mirar algunos minutos. Desde ya, agradeceré vuestros comentarios.

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'Jack of all trades, master of none'. Suena bien, aunque...

Sunday, December 31, 2006

Imágenes del sexo y la muerte

por Marcelo Curzi


I.

La policía había desbaratado una vez más la banda de prostitutas del cementerio de San Fernando, y por algunos días no se verían las mujeres yendo y viniendo con paso lento por la vereda de Sobremonte. Aquella tarde, comentábamos divertidos la noticia mientras tomábamos mate en la ferretería de Soy Daniel, a través de cuyas puertas entreabiertas podíamos distinguir el pálido y brutal paredón al otro lado de la calle. Chistes predecibles y comentarios procaces nos hacían estallar en carcajadas, que festejaban más la alegría de nuestra cordial compañía que la basta comicidad de las elaboraciones.
Era sabido que, por las noches, las chicas seducían a sus clientes en las inmediaciones del cementerio y luego los conducían intramuros para consumar su oficio usurpando la inquietante intimidad de bóvedas y criptas, cuyo acceso habría liberado ex profeso la complicidad de algún cuidador.

Observaba las tétricas cúpulas con cruces, esculturas y sombras, que amenazaban por detrás del muro. Imaginaba la noche sin luna, impregnada de claveles mustios, que enmarcaría el triste cuadro de un infeliz echado, con los pantalones bajo las rodillas, sacudiéndose torpe sobre la indiferencia de una puta con la falda por la cintura.


II.

Creo que fue en ocasión del fallecimiento de un amigo de mi padre. Yo tendría quince o dieciséis años. Finalizada la breve ceremonia en el espanto del crematorio de la Chacarita, devanábamos sin apuro el laberinto de sendas entre lápidas y cipreses. Me embargaba esa emoción lúgubre que oprime el ánimo en tales ocasiones, y que sabía me acompañaría por algunos días envenenando cualquier atisbo de optimismo o alegría. Mientras caminábamos, papá me observó por algunos segundos antes de comentar: “Los cementerios son un buen lugar para venir a estudiar, o a leer…”. No recuerdo si agregó que él lo solía hacer en sus épocas de estudiante. Respondí con tácito escepticismo. Luego de otro rato de silencio continuó: “Es curioso, pero el ámbito del cementerio siempre me exacerbó la libido, me solía agarrar unas calenturas terribles...”. Era característico su modo de pronunciar la erre, larga e in crescendo, cuando quería sonar casual.
Calentura en la Chacarita. Acaso el arrebato desesperado de la vida intentando imponerse ante toda la muerte junta.


III.

Papá la estaba pasando mal. Respiraba con mucha dificultad, y su sufrimiento se leía todo en el rostro grave de ojos cerrados casi con fuerza. Le dije algo pero no me contestó. Yo sabía que odiaba la clínica, que internarlo nuevamente sería quizás confirmarle el fin, disipar su última esperanza. Decidí por él y postergué una vez más la llamada. Tembloroso, sujeté el elástico de la mascarilla por detrás de su cabeza. Coloqué el pulsador del timbre debajo de la almohada y le dije que regresaría en pocos minutos. La impotencia era punzante. Encendí el nebulizador, y el zumbido ronco me acompañó mientras huía escaleras abajo.
Crucé el patio descalzo, casi corriendo, sobre la laja que ardía en el meridiano de enero. Abrí la puerta y me inundó en seguida el sosiego del perfume suave y las risitas cristalinas de Nicole desde la habitación contigua. La video reproducía un caos de suspiros y gemidos sin principio ni fin. Cuando me aproximé a la cama, Nicole se incorporó y me besó con pretendida lascivia en la cadera; me recosté a su lado mientras le devolvía un beso ardiente y desesperado en la boca. Para mi sorpresa, lo aceptó. Con un giro felino se ubicó encima de mí, y una cascada mágica de cabello radiante cayó como una bendición sobre mis ojos. Y no ví más.

Los corticoides no surtieron efecto alguno, y mi padre había empeorado considerablemente durante los quince o veinte minutos de mi ausencia. Le pregunté si quería que llamase ahora a la ambulancia. Todavía no. Con el pecho oprimido, marqué el número de la enfermera y le rogué que viniese lo antes posible para aplicarle una dosis de la droga inyectable, reservada para situaciones como la que ahora se presentaba.

Extasiado, me detuve silencioso en el umbral para observar una vez más la cándida y voluptuosa frescura de Nicole, sentada sobre la cama con las piernas en cruz y jugueteando con un teléfono celular. Los gemidos y exclamaciones incesantes del televisor habrían ahogado, suponía, el rumor de mi llegada, pero ella alzó la vista de repente y me increpó con irresistible sensualidad: “te mandé un mensajito de texto porque te extrañaba. ¿Dónde te fuiste?”. Casi no me pude sostener en pie. Nicole era realmente buena.

La enfermera y su inyección tampoco fueron efectivas, y el estado de Papá era ahora crítico. Esta vez asintió con esfuerzo a mi demanda y la ambulancia demoró menos de cinco minutos en llegar. Tres horas más tarde volvía a casa solo y con las ansias exhaustas.
Me había olvidado de Nicole. Ya no estaba. En el cuarto ahora sin suspiros, la cama estaba tendida y los dos billetes de cien pesos aún asomaban prolijos por debajo del velador sobre la mesita de luz.


IV.

Sentado en la silla metálica, de espaldas a la ventana, miraba sin leer las letritas negras de un diario que sostenía en las manos con el único propósito de ocultar mi angustia a los ojos de papá, si fuera que alguna vez los abriese. Respiraba trabajosamente. Giré algo la espita para aumentar el caudal de oxígeno, y me sentí estúpidamente reconfortado.
No supe cuándo, el movimiento de su pecho se hizo apacible, rítmico y profundo. Aferré de nuevo la recurrente alucinación, y soñé que el celado cáncer había rendido finalmente, que la recuperación era posible después de todo; odié una vez más a aquellos que habían anunciado la muerte inexorable. Poco después escuchaba aterrado cómo sus inspiraciones se espaciaban, lenta y gradualmente, hasta que se detuvieron. El diario cobarde permanecía frente a mi cara, dándole la espalda a mi padre que moría.

Papá se extinguió con suavidad. Nunca habría yo imaginado que la muerte podía ser tan dulce, tan tierna; tan inevitable y buena. Lloraba de rodillas al borde de la cama, sosteniendo su mano todavía joven mientras los dedos se le convertían en piedra. La sábana cubría su otra mano, la derecha, que caía inerte sobre la ingle envolviendo el emblema último de persistencia de la vida del varón; protegiendo el símbolo cabal de la versátil esencia de su existir.




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12 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Querido amigo, mira que ha costado tenerte de regreso en el mundo de los blogs. Me imagino que la vida te ha mantenido tremendamente ocupado, pero se te ha echado de menos. Creí que lo habías dejado, pero me equivocaba. Regresaste con un texto emotivo y poderoso. Espero que sea para quedarte definitivamente. Un abrazo, y feliz año para ti y los tuyos.

2:40 PM  
Blogger unarrocito said...

Querido rythmduel, me hacen muy feliz tus palabras. Como ves, no soy un buen "blogger", aunque espero mejorar. Me alegran también los calificativos que concedes a mi nuevo relato; me costó mucho publicarlo, si bien no deja de ser, en gran parte, sólo elaboración literaria.
¡Un abrazo de vuelta, y felicísimo año también para tí y los tuyos!

8:53 PM  
Anonymous Anonymous said...

Marcelo, la virtud de un texto literario es cuando trasciende lo escrito para generarte algo, una sensación, un estado de ánimo, una carencia, algo... pero desde adentro. Este texto aparte de tener una génesis literaria que a mí me apasiona, liberó en mí una cantidad de sensaciones que en la primera lectura me pegaron muy fuerte. Por eso el delay en mi comentario. Vos Sabrás Porqué.
Un Abrazo
Marcelo Jacoby Beyer

7:42 PM  
Blogger unarrocito said...

Gracias Marcelo. Y por supuesto que sé porqué.
Otro abrazo.

3:59 PM  
Blogger Marive Cano said...

Marce, la realidad es que no lei mas que el primer parrafo, porque me empezo a carcomer la culpa de estar leyendo por placer, cuando en realidad tendria que estar leyendo obligaciones de mi libro de alterini - lo que deberia ser tambien un placer porque nadie me mando a seguir derecho, me meti solita ahi...- Igualmente pienso volver con un poco mas de tiempo a terminar de leer lo que empece...
Hacia mucho que no pasaba por aca a ver en que andabas...y por lo que veo de le fecha vos tampoco! jaja...
Mas que solo saber que no se nada, se que andas dandole 'economics' a mi hermano y a sus amigos... y siempre habla de vos... aparentemente sos un profesor del cual mis viejos no se van poder librar muy facil, siempre van a escuchar algo de tus clases! jajaja...
Aparte tambien te cuento que hace poquito rendi Economia Politica, y que el parcial lo pase enteramente por lo poco que te escuche alguna vez en clase.... me acorde tanto de cuando me mandabas a estudiar! ajja... Asi que te agradezco!
Bueno Marce... ahora la culpa es mas grande asi que vuelvo a Alterini antes de que me pongan un dos grande como una casa en el parcial....
Besos Marce, cuidate... prometo pasar por el cole algun dia a saludar

Vicky Cano

2:40 PM  
Anonymous Anonymous said...

vale una actualizacion jaja

7:37 PM  
Blogger joaquín said...

¿Qué puedo decir?
¿Cómo lo digo?
¿Cómo alumno o como amigo?
Marce, me sucede que me compenetro mucho con tus historias y mas aún con tu blog.
Dudo dejar de leerlo.
Felicidades y gracias.
Tu buen (ironía) alumno,
Joaquín B. Otero Sojo

1:03 AM  
Blogger joaquín said...

marce, te invito a mi blog, nos vemos.
Joaquín O

10:27 PM  
Anonymous Anonymous said...

Marcelo,
Tu historia me afecto muchisimo, fisicamente y emocionalmente. Tus talentos literarios son notables, felicitaciones.
Espero leer mas de tus trabajos!

11:59 AM  
Blogger unarrocito said...

¡Gracias, Anónim@! ¡Tu comentario me estimula a retomar los relatos!

12:32 PM  
Anonymous Anonymous said...

Recuerda a un Vladmir Nobakov, con notas ligeras de Quiroga. ¡Excelente!

8:39 PM  
Blogger unarrocito said...

¡Qué honor! ¡Gracias!

8:45 PM  

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