The Nightly Ghost

Encontrarán aquí lecturas de diverso género, la mayoría en castellano pero también algunas en inglés. Incluiré asimismo reportajes fotográficos de interés general, aunque priorizando la calidad de la imagen sobre la del documento ("regla general contra principio específico", por supuesto). Creo que todo podrá ser disfrutado de un modo u otro por cualquier visitante con ganas de leer o de mirar algunos minutos. Desde ya, agradeceré vuestros comentarios.

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'Jack of all trades, master of none'. Suena bien, aunque...

Thursday, July 27, 2006

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A solicitud de Lex Maximus, he traducido mi pequeño ensayo 'A teardrop over Argentine democracy' al castellano. Preferí adjuntar el nuevo texto a continuación en el post original. Me pareció mejor idea que publicarlo como nueva entrada.

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At request of Lex Maximus, I translated my little essay 'A teardrop over Argentine democracy' into Castilian Spanish. For the sake of order, I have attached the translation to the original post instead of creating a new entry.

Tuesday, July 25, 2006

Lavinia y el cortaplumas

por Marcelo Curzi


I.

Si me detuve en Lausanne fue sólo por el cortaplumas. Poseer uno de esos curiosos artilugios de múltiple utilidad, cachas rojas y elegante cruz metálica incrustada, había sido mi máxima aspiración infantil de riqueza, y no podía ahora dejar pasar la oportunidad. Cerca de la estación, una tienda de artículos deportivos mostraba un surtido completo en la vidriera. Increíble. En Buenos Aires estaba acostumbrado a verlos de vez en cuando, altivos e inaccesibles, expuestos con lujo solitario en algún escaparate de la calle Sarmiento. Acá estaban alineados de a docenas, apoyados sobre sus respectivas cajitas de cartón azul, y todos, absolutamente todos, con sus cachas rojas y soberbio escudito en cruz.
“Je voudrais voir une de ces canifs que vous avez à la vitrine, s’il vous plaît Madame” le dije impecable a la mujer de apariencia simpática y rostro rozagante detrás del mostrador. Se incorporó sorprendida al escucharme, pero no sonrió, tal como yo esperaba que lo hiciera al sospechar quizás que mi verba gala no llegaba mucho más lejos. Después de un rato glorioso, salía del negocio con mi flamante Wenger en su cajita azul, saludado, ahora sí, por una sonrisa gentil y luminosa de Ardélène, a quien tan bien recuerdo a pesar de haber conocido por apenas algo más de media hora.

II.

Lavinia habrá tenido veinticinco o veintiséis años cuando emprendimos aquel crucero a Punta del Este. Yo era un adolescente de compañía agradable y más conocimientos náuticos que experiencia marinera. Nos habíamos conocido, no recuerdo cómo, pocos meses antes, probablemente en el club. Entre los dos guiaríamos su pequeño velero a través del Río de la Plata y algo más allá. Vendrían también dos amigas de ella que nada sabían de oleaje, mareos, sacudones y mojaduras indeseadas, e invariablemente dedicaban su charla a la anticipación de la estival ventura que nos deparaba seguramente el glamoroso destino oriental.

La madrugada prevista para zarpar presentaba una condición improbable. Algún fenómeno climático había determinado que, durante la noche, una miríada de camalotes derivara corriente abajo por el Paraná y cubriera la ribera del Plata con una maraña verde, espesa, continua e impenetrable, que duraba hasta más allá de la vista. Lavinia, decidida capitana, no se amedrentó, y, a pesar de mi consejo, levamos anclas hacia la espesura. Esperábamos que la potencia del pequeño motor de la nave fuera suficiente para abrirnos paso, bichero de por medio, hasta río abierto.
No habríamos recorrido aún media milla cuando la hélice se detuvo de súbito: una basta e implacable hebra de camalote la había atascado. Tras breve evaluación, Lavinia levantó de un tirón la pata del motor y estiró su mano hasta alcanzar la apretada fibra que estrangulaba el propulsor. En vano intentó aflojarla. “¡Marce, pasame tu cortaplumas!”. Observé angustiado sus vacilantes maniobras, entorpecidas por el meneo del barco, la incómoda postura, y el agua que lo mojaba todo. Mi querida herramienta se debatía por no dar en el río, o ser devorada definitivamente por el camalotal, mientras la indómita hebra sorteaba eficazmente sus pequeñas estocadas de acero inoxidable. “Ojo que no se te vaya al agua, Lavi…” fue todo lo que atiné a decir sin que trasluciese, creo, mi desesperación íntima. La frase sonó ridícula y egoísta. El silencio del río sin viento la agravaba. No pude evitar repetirla dos o tres veces. Lavinia me escuchó sin hablar mientras ajetreaba en la hélice. Quizás la indignación le impidió responderme.

El episodio dejó secuelas inciertas. No sé qué pensamientos habrán nutrido en ella (los caminos de Lavinia eran misteriosos), pero yo no pude sobreponerme por completo a la vergüenza durante el resto del viaje. De cualquier modo, mi actitud no ofendió seriamente a Lavinia: en una oportunidad, ya en Punta del Este, creyéndome dormido recorrió mi rostro con una caricia tenue de su boca y posó finalmente sus labios en los mios. Sentí el pulso tibio de su piel pero nunca abrí los ojos.

III.

Mi cortaplumas ha sido fiel compañero durante más de la mitad de mi vida. Ha mantenido mis uñas prolijas y emparejado mis cejas, me ha librado de innumerables astillas y espinas, ha afilado lápices, picado cebollas llorosas, cortado pizza entre risas de amigos y descorchado botellas de vinos inolvidables; ha recuperado anzuelos, eviscerado liebres y reparado armas, anteojos de sol y el teclado de una computadora. Ha estado en mis momentos de dicha y de espanto. Lo han sostenido en sus manos personas que amé y ya no están. Miles de imágenes de mi vida acuden y me embriagan cuando lo observo, cuando deslizo mis dedos sobre las heridas viejas de sus cachas rojas y escudo en cruz, sobre la ranura vacía de un escarbadientes plástico perdido; cuando recorto las uñas de los pequeños dedos de mi hijo.
El cortaplumas es un objeto apenas, pero sin el amuleto, quizás la memoria del alma no sería tan fácil. Por eso permanece.

No comprendo ahora mi vergüenza después de aquel accidente en el río, y tampoco la indignación de Lavinia. El indignado debería haber sido yo, y la vergüenza, de ella.
No frecuenté más el club y ya no recuerdo su rostro, ni su voz, ni sus gestos; apenas vislumbro fragmentos de su estampa en el pasado. Dudo de la certeza de aquel beso, y confieso haber tomado el nombre del velero para dárselo a la mujer. Porque también he olvidado el nombre de Lavinia.





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Wednesday, July 19, 2006

Breve manifiesto

'The Nightly Ghost' es un blog bilingüe castellano-inglés, en el que se verá publicado material de interés para amigos, colegas y alumnos. De todos modos, soy un indisciplinado consuetudinario, y mis iniciativas son demasiado dinámicas, ambiguas y variadas como para poder ser clasificadas aceptablemente. Sólo Sylikos (antigua deidad griega de la informática) sabe en qué va a culminar este emprendimiento. Creo sin embargo que cualquiera que visite el sitio encontrará minutos substanciosos.

Los motivos por los que este blog nace bilingüe son varios: puedo alegar que me desempeño como profesor dictando materias tanto en castellano como en inglés; que tengo además la dicha de contar con amigos en diversos lugares del mundo, amigos que pude hacer y mantener a pesar de la distancia gracias al inglés; y finalmente, que para decir algunas cosas prefiero utilizar la lengua de Shakespeare, y para decir otras, la de Cervantes (ambas en sus versiones más recientes, por supuesto).
Es claro que este bilingüismo no debe en ningún caso convertirse en involuntaria trampa de ignorancia, por lo que, mediante la solicitud de algún eventual interesado, cualquier artículo publicado en una lengua será diligentemente traducido a la otra con presteza que dependerá tanto de la extensión del texto en cuestión como de mi disponibilidad de tiempo a tal efecto.

Otra característica de este blog es que, ocasionalmente, posts existentes serán actualizados en caso de considerarse oportuno o necesario hacerlo (por ejemplo, esta entrada está siéndolo ahora, diez días después de haber sido publicada). En cada caso, un breve post nuevo referirá mediante un link al anterior modificado. Espero que esto no resulte confuso.

¡Larga vida a 'El Fantasma Nocturno'! (o quizás 'El Fantasma de Cada Noche'...).


A teardrop over Argentine democracy:

Mother Education, Father Restraint and Sister Goodness

by Marcelo Curzi



Back in the sixties when I was a child, I vaguely remember having asked my mother about the meaning of the word ‘taboo’. It was a quite popular term in those days, and although I ignored its meaning, just the mere sound of it was seductive to my ears. For some strange reason, it reminded me of something in relation to black magic... I guess I had heard it for the first time in a TV show, probably an episode of Ron Ely's Tarzan.
I'm sure I gave my mother a rough time, because this word was basically related to sex issues and I was far too young to be explained certain things. Furthermore, talking sex was considered taboo in the middle class environment where I was being brought up, so the explanation I was asking for had a lot of taboo in itself. Anyway, mom did a great job and my inquiry was conveniently satisfied as far as I could understand at the time.

Nowadays, sex isn't taboo any more and since this concept was so strongly related to sex matters, we've come to believe that there are no taboos left amongst us. A very comforting and gratifying conviction indeed, but definitely mistaken.
Let us consider the concept of democracy. In our society, maybe as a result of so many dictatorial military rules in the past, democracy has subtly and dangerously become taboo in its own way, of course a much more relevant and alarming one than sex used to be in its time. Who in his right mind would dare to seriously criticize democracy in Argentina? Who would even dare to talk anything but endless praise regarding our democracy? Anyone who did would be immediately sentenced to isolation, flamed to ashes; and if his voice was harsh and loud enough he would most probably face criminal charges as well. This situation along with the painful fact that the vast majority of society is naïve enough to believe that we actually live in true democracy just because we vote and we don't have a military de facto regime, are major drawbacks if any of us ever hope to build a real democracy in which to raise our children and get the most out of our lives. How could we possibly improve something if we are not free to stress its flaws?

I like to think of democracy as an eternal child, a child that can never grow old; a child in permanent youth. We know that children need families to protect, nourish and guide them: Education is Democracy's mother and Restraint, her father. She also has an elder sister: Goodness. Democracy needs a healthy and solid family to help her in the task only she can contrive: making the best possible world for us to live in.
Easy and stupid praise and flatter proclaiming how much we love, trust, respect and admire her does nothing for Democracy; this is at least foolish when we ordinary citizens do it and vile, abusive and abhorrent when done purposely by contemptible government officials and everlasting third-rate politicians to drive our tame and groggy population into a vain delusion of freedom and participation.
The only way we can effectively do something for Democracy is through commitment to care for the rest of her family: mother Education, father Restraint and sister Goodness.
There is still another character in this tale and that is Freedom. She is not a relative but a wild, temperamental and yet inconditional friend of Democracy; relentless and impatient but still always ready to stay by her side whenever Democracy shall begin her true rule.

I happen to know this story well because I am a teacher, and it is precisely at school where Education and Restraint are hosted, where they start and finish their journeys together. It is their home! At school we are worried because they are both very weak and sometimes seem to be losing hope. Unfortunately, there is not much we can do for them on our own. As for Goodness, she lives in the hearts of those still few gentle folks who care: a silent and peaceful army ever ready to be summoned, the genuine soldiers of Democracy carrying no guns and wearing no helmets.

We haven't seen Democracy around yet. So far we've only caught some occasional glimpses of her shadow. We believe she is scared or maybe indignant, hiding out somewhere for protection, hoping for her family to grow strong enough to support her, waiting patiently for her time to come.



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Versión en castellano:




Una lágrima sobre la democracia en Argentina:

Madre Educación, Padre Restricción y Hermana Bondad


Por Marcelo Curzi



Allá por la década del sesenta, cuando era un niño, recuerdo vagamente haber preguntado a mi madre acerca del significado de la palabra ‘tabú’. Era éste un término bastante popular por aquellos días, y a pesar de que ignoraba su significado, el mero sonido al pronunciarlo seducía mi oído. Por alguna extraña razón me recordaba algo en relación con la magia negra… Creo que lo escuché por primera vez en un programa de TV, quizás un episodio del Tarzán de Ron Ely.
De seguro puse a mi madre en algún aprieto, porque, en su uso popular, esta palabra se relacionaba básicamente con asuntos de índole sexual, y yo era aún muy pequeño como para que me fuesen explicadas ciertas cosas. Además, los temas sexuales eran considerados en gran medida tabú por la clase media en cuyo seno yo crecía, con lo que la explicación que solicitaba tenía mucho de tabú en sí misma. De todos modos, mamá sorteó cualquier dificultad y mi curiosidad fue convenientemente satisfecha hasta donde podía yo entender en aquel entonces.

Hoy en día el sexo ha dejado de ser tabú, y como este concepto estaba tan estrechamente vinculado a temas sexuales, hemos terminado por creer que ya no quedan tabúes entre nosotros. Una moderna y reconfortante convicción por cierto, pero definitivamente errónea.
Consideremos el concepto de democracia. En nuestra sociedad, quizás como resultado de tantas dictaduras militares en el pasado, la democracia se ha convertido, sutil y peligrosamente, en tabú a su propio modo; un modo mucho más alarmante que aquel en que lo fuera el sexo en su momento. ¿Qué ciudadano en sus cabales osaría criticar seriamente la democracia en Argentina? Cualquiera que lo hiciera sería inmediatamente condenado al aislamiento, socialmente reducido a cenizas; y si su voz fuese lo sufcientemente áspera y elevada, probablemente también habría de enfrentar cargos penales. Esta situación, junto con el penoso hecho de que la vasta mayoría de la sociedad es lo suficientemente ingenua para creer que actualmente vivimos en democracia simplemente porque votamos y no tenemos un régimen de facto, son grandes obstáculos si algunos de nosotros pretendemos, alguna vez, construír una verdadera democracia en la cual criar a nuestros hijos y alcanzar el máximo potencial de nuestras existencias. ¿Cómo podríamos mejorar algo si no tenemos libertad para criticar sus imperfecciones?

Suelo imaginar a la democracia como una niña eterna, una niña para quien no pueden pasar los años; una niña de permanente juventud. Sabemos que los niños necesitan familias que los protejan, nutran y guíen. Educación es la madre de Democracia, y Restricción su padre. Tiene también una hermana mayor, Bondad. Democracia necesita de una familia sólida y saludable para ayudarla en la tarea que sólo ella puede llevar a cabo: hacer de nuestro mundo el mejor posible.
El halago fácil y estúpido, la lisonja que proclama cuánto la amamos, respetamos, admiramos y confiamos en ella, no le aporta absolutamente nada. Esto es, por lo menos, idiota cuando lo hacemos los ciudadanos comunes; pero vil, abusivo y aborrecible cuando lo hacen intencionalmente despreciables funcionarios públicos y eternos políticos de tercera clase para guiar a nuestra dócil y atontada población hacia una vana ilusión de libertad y participación.
El único modo en que podemos hacer algo efectivamente, es el compromiso para cuidar y fortalecer al resto de su familia: madre Educación, padre Restricción y hermana Bondad.
Hay aún otro personaje en este cuento, y es Libertad. Ella no es pariente; es una salvaje y temperamental, pero sin embargo incondicional, amiga de Democracia; inquieta e impaciente, pero siempre dispuesta a estar a su lado cuando sea que Democracia instaure su verdadero reinado.


Conozco bien esta historia porque soy un docente, y es precisamente en el colegio donde se hospedan Educación y Restricción; donde comienzan y terminan juntos sus jornadas. ¡Es su hogar! En la escuela estamos preocupados porque vemos a ambos débiles, y a veces parecieran estar perdiendo la esperanza. Desafortunadamente, no es mucho lo que podemos hacer por ellos nosotros solos. En cuanto a Bondad, ella habita en el corazón de aquella aún escasa, gentil y buena gente a quién le importa; un silente y pacífico ejército siempre dispuesto a ser convocado, los verdaderos soldados de la democracia, que no portan armas y no llevan cascos.

Aún no hemos visto a Democracia por los alrededores. Hasta ahora sólo hemos vislumbrado su sombra fugaz de vez en cuando. Creemos que está asustada, o quizás indignada, escondida en busca de protección, esperando que su familia se fortalezca lo suficiente para apoyarla; aguardando paciente la llegada de su tiempo.




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La niña y el gallo

Romancillo

por Francisco M. V. Curzi



Porque anda la niña
abiertas las manos
los brazos en cruz
y en la cruz un gallo
(de cresta muy roja
y plumaje blanco)
por eso le llaman
la niña del gallo...
porque con él anda
como le escapando
a los que la miran;
que a nadie le es dado
a fuer de sincero
comentar el caso
de que tenga el ave
tan tierno regazo.
Mas yo que lo supe
no puedo callarlo,
que Dios me perdone
la niña y el gallo,
que no es un delito
decirlo al acaso,
como quien dijera...
sin ser comentario.
Como hablarle al río
o al cielo estrellado
y ser la palabra
un canto rodado.
La niña que mira
con ojos de cielo
lleva en su postura
el signo de un ruego.
El gallo no canta,
el gallo está preso,
no conoce el alba...
Ella con un beso
le anuncia la luz
que va en su deseo.
Su ruego es que el gallo
deje de estar ciego.


Sunday, July 16, 2006

Memoria de Mosaico

por Marcelo Curzi


I.

No se puede comenzar a hablar de Mosaico sin antes hacerlo de Marcelo Jacoby. Comenzamos como “compañeros de colegio”, si mal no recuerdo allá por el año 1974, cuando cursábamos segundo año en el Nacional. No tuvimos una secundaria socialmente digna: nuestros intereses y proyectos diferían críticamente de los de la mayoría, lo que, en cierta medida y desde algún profundo y difuso punto de vista, nos tranquilizaba un poco.
Durante los tres años que siguieron, el núcleo de segregación que formábamos se nutrió de los conflictos de Pablo, de la risa nerviosa y contenida de Rolo y de los códigos carcelarios adquiridos en sus años de liceo del amigo Matt, que una vez hasta nos mostró una foto en la que se lo veía luciendo gorra militar. De lejos, gozábamos de precavida simpatía por parte del melancólico cinismo de Mariaga y de la aséptica discreción de Andy. A veces nos iluminaba también algún reflejo proveniente de la autosuficiente y prolija expeditividad de Claudia Rey…

Una vez desaparecido el cretino Palmieri, nuestra peor bête noire fue el negro Debenedetti. Lo recuerdo como una especie de Rigoletto, que divertía a los cortesanos de la división tercera a costa nuestra, sufridos Cepranos y Monterones. Su plato principal era inequívocamente Marcelo, y la historia de Mosaico comienza para mí aquel día en el que la víctima favorita tuvo la peregrina idea de llevar al colegio un libro de poemas, encuadernado con amoroso oficio en cuerina y cartón, compuestos por él mismo en colaboración con su amigo de la infancia Julio: los inolvidables “Cien Poemas Libres”.
Para qué abundar en detalles; basten algunas imágenes del espanto: atroces risotadas roncas, a mandíbula batiente, del negro Debenedetti; barbarie patente en su rostro mientras corría entre filas de bancos enarbolando el cuaderno; Marcelo desesperado en el vano intento de darle alcance para recuperar sus versos, preservar la integridad de la obra y mitigar en algo el escándalo; el negro, ya fuera de su alcance, declamando con torpeza y bellaquería algunas rimas escogidas de rebato; mofa general de los pares…

Los poemas en cuestión eran valiosos aunque ciertamente no por su calidad, ya que tenían corte más bien bufonesco y junto con Marcelo nos desternillábamos cada vez que leíamos alguno que otro en privado; lo eran porque cristalizaban códigos esenciales de su amistad con Julio. Las relaciones humanas tienen códigos particulares, y los de esta amistad estaban plasmados en los “Cien Poemas Libres”. Yo los apreciaba porque sabía lo que representaban íntimamente para mi amigo.
Quizás ese libro haya vertido el ectoplasma original; quizás Mosaico fuera fruto, casi un lustro después, de la dolorosa “Ordalía de los Cien Poemas” a que el destino condenara al incauto Marcelo y de cuya ejecución fuera responsable el verdugo negro Debenedetti.

II.

Mosaico pretendía aglutinar gente con ganas de crear, de expresarse, que produjese cuentos, poemas, dibujos; cualquier tipo de arte o protoarte. Todo lo publicable era evaluado criteriosamente para decidir si cuajaba con nuestro concepto subterráneo y puro. La idea era sumar, y si lo que se sumaba eran mujeres, tanto mejor.
En seguida la movida contó con varios amigos del círculo próximo, entre ellos el inefable Charly Zeppa, y a poco de lanzarse a las calles por primera vez Mosaico, “revista literaria de publicación bimestral”, comenzaron a acercarse desconocidos con ideas similares a las nuestras. Se presentó un muchacho delgado (he olvidado su nombre), de etnia incaica, seriamente convencido de ser la Santísima Trinidad rediviva y de que con el teodolito de Guillermo se podían distinguir ovnis desde el jardín. ”¿Dios?... Dios soy yo” proclamaba a menudo. Al principio pensamos que bromeaba, pero pronto descubrimos con gozosa alarma que era un delirante. Si fracasábamos en reprimir a tiempo alguna sonrisa inadecuada a su argumento, pretendía confirmar cordura alegando no ser ni la reencarnación de Napoleón ni la de Ramsés II (aunque esto último lo decía lentamente y con aura misteriosa). Sospechábamos también alguna cuenta pendiente con la justicia, ya que rehusaba con vehemencia a darnos su domicilio, y más allá de las reuniones periódicas sólo podíamos comunicarnos con él por teléfono según números que perduraban no más de algunas semanas: “dejá que te llamo yo” era otra de sus muletillas.
Recuerdo también a Fernando, un poeta excepcional, de naturaleza inquietante y errática. Nos aseguraba que no corríamos riesgo físico alguno en su presencia ya que, si bien había sido internado en un neuropsiquiátrico, creo que el Borda, por años (y según diagnóstico bien celado), había ya ganado el alta en buena ley: dudosa garantía, tanto más cuanto que solía desaparecer por largos períodos sin previo aviso, para luego volver y relatarnos, ufano, cómo había sobrellevado con gallardía infames tratamientos de electrochoque y fármacos a los que había sido sometido, enfermeros brutales y cinchas de cuero mediante.
Llegaron también las chicas: Magalí y Sabrina; con atractiva y turgente frescura, cada una a su turno le negaron favores a un sentimental Marcelo, causándole indelebles vuelcos de corazón. Supieron infligirle dolor con esa crueldad impía y obscura que gesta en la mujer cuando un hombre la ama y ella no.

Si Mosaico llegó a durar tres gloriosos números fue gracias al empeño y sudor de mi amigo, quien, redunda aclarar, era su director y casi todo lo demás. Es verdad que él concretaba prácticamente solo la tarea de producción (y nos recriminaba a su modo en tal sentido), pero es cierto también que no se sentía a gusto delegando responsabilidades de importancia. Discutimos al respecto en alguna oportunidad, aunque, creo, sin las necesarias objetividad, honestidad y autocrítica, y fue en definitiva ese desequilibrio el detonante de la ruptura del emblema.

III.

Hojeo viejos ejemplares de Mosaico mientras Marcelo mastica pizza casera y me examina, sentado en ese receso que su ingenio articulara debajo del ventanal que abre al jardín y que será poltrona cuando finalmente disponga de algún almohadón al desús. Leo y se agolpan en un solo plano de la memoria peceras con levistes de colas iridiscentes, frascos de mermelada con la tapa agujereada y betas en su interior, carassius que se niegan a copular, cojinetes de biela de Rally Sport que bailan entre los dedos regordetes de Bayer, frutillas chiquitas con crema en un bol transparente, un aderezo verde picantísimo, risas, el cruce con los pies descalzos de un río violento y de lecho rugoso, el despertador a cuerda de un batiscafo nunca concretado, la función cuadrática que describiría el perfil de la ojiva de un cohete casi estratosférico, el olor a ácido acético del laboratorio fotográfico en un baño precario, un ladrillo colgando de un hilo de nailon sobre mi cabeza, la estafa de una ampliadora sin objetivo, cables, teclas fluorescentes, rueditas acariciadas por escobillas que chirrían dentro de un cajón de manzanas, latas de aceite desfondadas, celofán rojo, amarillo y verde que reluce y se apaga con ritmo vacilante; uno, dos féretros…

IV.

Marcelo lamenta la ausencia de Alejandro esta noche. Mosaico nunca murió. Hay signos que anuncian su nuevo embate. Hemos de rescatar nuestros despojos de las iras del tiempo, recuperar apenas una llama. Ojalá.



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Wednesday, July 12, 2006

Lucio & Alice

This is a rudimentary reportage on a school play: Lucio & Alice. It is an original piece, written by Bede's drama workshop pupils who did the acting as well, vaguely inspired on Shakespeare's Romeo and Juliet. The performance was at Bede's Hall (Tortuguitas, Buenos Aires) in 2005.





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